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Cultura y Políticas de Seguridad Vial
La transformación definitiva, en un largo proceso, de esa cultura “fatal” por una cultura “preventiva” deviene “esencial” la garantía de continuidad (con las correcciones que eventualmente sean necesarias) expresada en una verdadera POLITICA DE ESTADO.

Adelantamos el extenso editorial de la Revista Seguridad Vial Nro. 125

 

Cultura y Políticas de Seguridad Vial

 

En numerosas oportunidades hemos señalado que la problemática de la siniestralidad vial en una sociedad responde a un fenómeno muy complejo basado en una “cultura”. La cultura es una especie de tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad determinada. Por lo tanto, las costumbres, las prácticas, las maneras de ser, los rituales, los tipos de vestimenta y las normas de comportamiento son aspectos incluidos en la cultura. Por ello, según el enfoque analítico con que se mire, la cultura puede ser clasificada y definida de diversas maneras. Hay quienes la dividen en tópica (por categorías), histórica (la cultura como herencia social), mental (complejo de ideas y hábitos), estructural (símbolos pautados e interrelacionados) y simbólica (significados asignados en forma arbitraria que son compartidos por una sociedad).


Uno de los “patrones de conducta” en nuestra cultura que, permanentemente hemos señalado, verifica nuestra sociedad, en términos generalizados, en las costumbres, prácticas, rituales, maneras de ser y comportamiento demuestra en forma fehaciente la denominada “cultura de fatalidad” donde la “responsabilidad” de los hechos es trasladada al destino (o designio divino en los creyentes).

En pocos y “correctos” términos, el siniestro (riesgo que se ha concretado) es considerado en nuestra cultura mental (complejo de ideas y hábitos) mayoritaria como “accidente” (hecho ajeno a la voluntad). En el “accidente” NO hay RIESGO. En consecuencia se descarta su “percepción”.

¿Cómo podemos, racionalmente, exigir prevención a quien NO percibe el riesgo?.

Son realmente numerosos los ejemplos de lo expresado teóricamente en nuestras costumbres, prácticas, rituales, maneras de ser y comportamientos (tanto en las clasificaciones histórica, estructural y simbólica). Basta mirar las características de siniestros demasiado frecuentes que evidencian la falta de prevención inmediatamente anteriores a la producción de los mismos. Veamos algunos, por más evidentes que parezcan:

1. La no utilización de cascos y cinturones de seguridad. Adviértase que no estoy diciendo que esos elementos NO estén presentes, sino que, aún estando a disposición, NO SE USAN (permanecen pasivos en el habitáculo juntando polvo, o como en el caso del casco “protegiendo el codo”).

2. La “delegación a una función secundaria” de la conducción de nuestro cuerpo o vehículo en el uso de la vía pública. La función primaria de nuestra atención y cuidado pasa a ser el uso del celular, la manipulación del GPS en movimiento, la selección y escucha de música, etc., etc.

3. El uso inadecuado del vehículo. Exceso de ocupantes en motos, ciclomotores y habitáculos. La ubicación y transporte de niños en lugares y asientos destinados a adultos, sin sujeciones adecuadas. Velocidades excesivas para las circunstancias de la vía. Maniobras “reñidas” con la física en sobrepasos. Pretender conducir alcoholizado o drogado juzgando inocua su ingesta, etc. etc.

4. Tipologías “extremas”. Denomino asi a aquellas, carentes de todo sentido común, que nos impactan por su “crudeza” e “irracionalidad” cuando las leemos en los diarios tomando un café, pero que nos las tenemos prevenidas en nuestra actitud y conducta en la vía pública. Padres que matan a sus hijos en maniobras de salida o estacionamiento en sus casas. Personas que resultan muertas por pretender empujar a mano vehículos en una ruta. Lesionados y muertos en ascenso o descenso de transportes públicos en movimiento. Peatones lastimados o muertos por vehículos que giran a toda velocidad en las esquinas.

La enorme mayoría de estas características nefastas previas a un siniestro, podrían eliminarse si, culturalmente, no lo consideráramos un “accidente”.

Ahora bien, cuando mencionamos las “Políticas de Seguridad Vial” tampoco está ausente la “cultura”. Y si es una sociedad “estática” sus políticas en la materia, tanto de “gobierno” (en ejercicio del poder) como de “estado” (en ejercicio y en expectativa de ejercerlo), no diferirán en demasía de la cultura del pueblo. En otras palabras, si la sociedad es culturalmente “fatal”, sus dirigentes aplicarán políticas acordes, que verificaremos en una gran laxitud en las condiciones de acceso a la habilitación de conductores, al uso de vehículos, a la construcción de infraestructuras alejadas de conceptos de “caminos que perdonan” el error humano, a controles espasmódicos en función de reacciones sociales, etc. etc.

Pero la “política”, por definición y naturaleza, es un quehacer ordenado al bien común que tiene por objetivo  resolver los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es decir que si bien “nace” del seno de su sociedad, con sus virtudes y defectos, lo hace para MEJORARLA. Y si, como en el caso de la problemática de la seguridad vial, la base de la misma se encuentra en la “cultura”, entonces pretenderá transformarla.

Transformar una “cultura de fatalidad” en una “cultura de prevención” llevará tiempo y constancia en la ejecución del proceso, y lógicamente, en su transcurso cometerá errores que deberá corregir. La experiencia histórica y documentada de otras sociedades (hoy más evolucionadas y exitosas en la materia lo demuestra).

En Argentina en particular, donde el ISEV va a cumplir treinta años de presencia activa ininterrumpida, a nuestro criterio (podemos estar equivocados), dicho proceso nos merece las siguientes consideraciones:

1. Desde el año 2008, por primera vez, en la historia de nuestra sociedad, inicia un proceso de definición y establecimiento de Políticas Generales de Seguridad Vial. Un proceso “revulsivo” por pretender una reacción profunda de la sociedad en la toma de conciencia del riesgo vial para transformar la cultura. Este proceso, en forma resumida en sus grandes aspectos, se traduce en la creación de un órgano (ANSV) con responsabilidad ejecutiva en una materia no delegada constitucionalmente, para negociar y acordar con las jurisdicciones provinciales políticas (de gobierno) comunes en la materia; la generación e instrumentación de un programa de implementación de una habilitación nacional y registro centralizado de conductores; el inicio de un programa y elaboración de materiales pedagógicos de formación docente y de recursos áulicos que permita la instrumentación efectiva en un futuro de la Educación Vial en las currículas formales de la sociedad, prevista en la Ley; y la ejecución de acciones de control y difusión de conductas en la vía pública orientadas por la experiencia internacional y recomendada por la ONU y la OMS, todo ello con el sostenimiento económico y financiero de un fondo específico determinado por ley, del sistema de aseguramiento del riesgo automotor.

2. El éxito de la  adopción de dichas Políticas Generales de Seguridad Vial, se verificó en substanciales reducciones (por primera vez en Argentina) en las Tasa de Siniestralidad, Mortalidad y Morbilidad Vial con sus mejores “picos” en 2011 y 2012.

3. A fines del año 2012, el ISEV observa y manifiesta públicamente que loa efectos beneficiosos de la aplicación de las Políticas Generales de Seguridad Vial comienzan a “ralentizarse” y que resulta necesaria la adopción estratégica de Políticas Específicas de Seguridad Vial, en atención a que el Observatorio de Seguridad Vial de la ANSV ha desarrollado estudios que permiten identificar problemáticas propias y específicas de nuestra sociedad tanto a nivel nacional como regional y provincial (y ya no solo las experiencias internacionales).

4. A partir de lo verificado por el ISEV en el año 2014 (aún con reducciones IMPORTANTES respecto a los valores anteriores al año 2010), nos empezamos a alejar de los “picos” de éxito mencionados, y por ello, volvemos a insistir en lo expresado en el punto 3.

Una preocupación final nos merece la consideración de la escasa o nula (por lo menos identificable) caracterización de Políticas de Estado en Seguridad Vial. No caben dudas respecto a la aplicación de Políticas de Gobierno en la materia (programas y acciones llevadas a cabo por quien ejerce el poder), pero no se ha logrado una expresión acorde a ello de los sectores o partidos políticos con expectativa a ejercerlo en el futuro y ello obviamente preocupa.

La transformación definitiva, en un largo proceso, de esa cultura “fatal” por una cultura “preventiva” deviene “esencial” la garantía de continuidad (con las correcciones que eventualmente sean necesarias) expresada en una verdadera POLITICA DE ESTADO.

Buenos Aires, 14 de enero de 2015

Consejo Directivo ISEV

Dr. Eduardo Bertotti

Director

 

 

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